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Para muchos aficionados a la Astronomía si hay unos meses en los que nos gusta más observar el cielo que otros son los de diciembre y enero. La fría temperatura característica de estos meses hace que tengamos unos cielos más limpios, pero si a eso se le acompaña la aparición de bellas constelaciones creo que se puede justificar esa preferencia.

Aspecto del cielo nocturno durante el mes de diciembre

 

NORTE

Lejos ya de las buenas temperaturas, el cielo de diciembre del Hemisferio Norte nos va mostrando la antesala de la belleza de la bóveda celeste que será mostrada en plenitud en pleno invierno. Además, contiene constelaciones formadas por estrellas brillantes por lo que suelen ser visibles cómodamente desde la ciudad. La visión desde el campo con la Vía Láctea abarca desde todo el triángulo de Verano, ya casi en el ocaso, pasando por Cefeo, Casiopea, Perseo, Auriga y Orión. ¡Un auténtico espectáculo!

En el Norte vemos casi rozando el horizonte la Osa Mayor con la lanza hacia abajo, al igual que las guardas de la Osa Menor que apuntan hacia el horizonte. Hacia el Oeste de la Osa Menor aparece el trapecio que conforma la “cabeza” de la constelación del Dragón y que es completada por la hilera de estrellas existente entre las dos Osas. Hacia arriba de la Osa Menor aparece la constelación de Cefeo con su forma pentagonal y más arriba la constelación de Casiopea que en ésta época del año va pasando de adquirir la forma de «E» a la de “M”, algo que podemos ver conforme avance la noche. Si miramos hacia el cenit nos encontramos con el gran cuadrado de la constelación de Pegaso y el ramillete de estrellas que de él parte formando la constelación de Andrómeda en la que se incluye la galaxia homónima. Desde la ciudad puede que el trapecio del Dragón y el pentágono de Cefeo no sean visibles, solo observándose las estrellas más brillantes, pero si nos retiramos un poco de la contaminación lumínica pueden observarse sin problemas.

Norte, las «guardas» de la Osa Menor hacia abajo y comienza a subir sobre el horizonte la Osa Mayor

 

OESTE

Por el Oeste y Noroeste aún podemos ver el Triángulo de Verano con la azulada y brillante Vega de la constelación de la Lyra cercana al horizonte Noroeste. la brillante Deneb y el Cisne tiene más altura, para finalmente, encontrarnos con Altair, la estrella principal de la constelación del Águila poniéndose por el Oeste. A medida que pasan las horas el triángulo declinará hasta desaparecer por el horizonte oeste.

El Cielo del Oeste nos muestra las maravillas de las que disfrutamos en verano

 

ESTE

Aspecto del horizonte este en el mes de diciembre. El planeta Júpiter que aparece indicado, aparece a su localización por Geminis en el 2014.

Vayamos ahora hacia el Este donde veremos emerger constelaciones preciosas. De momento, y aunque aún haya que esperar unas semanas para alcanzar las mejores condiciones de observación, desde el horizonte este empieza a “levantarse” la exhuberante constelación de Orión con su gran nebulosa de Orión. La constelación de Orión es visible completamente desde las ciudades y constituye una auténtica joya de todo el cielo. A su lado asoman dos brillantes estrellas, Castor y Pollux de la constelación de los Gemelos. Si seguimos subiendo nos encontraremos una brillante estrella roja que parece formar parte de un asterismo con forma de cuernos o una “V”. Efectivamente, es la estrella Aldebarán perteneciente a la constelación del Toro. En realidad esa “V” es un cúmulo estelar llamado las Hyades. En esta parte del cielo hay que fijarse bien pues brilla una auténtica maravilla de la que hablamos la anterior entrada. Si ganamos altura sobre los “cuernos del Toro” veremos brillar en una extensión reducida del cielo otro cúmulo estelar precioso, quizá el que más: estamos hablando de las Pléyades. El asterismo recuerda al carro de la Osa Mayor en pequeñito.

 

Localización de las Pléyades

 

Una vez nos hemos dejado llevar con la observación de las Pléyades dirigiremos nuestra vista hacia el Noreste donde a la misma altura encontraremos una constelación con forma pentagonal, se trata de Auriga y cuya estrella principal, Capella,  de color amarillo, ocupa el vértice superior. Justo arriba de Auriga y con forma de “Y” volcada y distorsionada aparece la constelación de Perseo. Esta constelación es conocida por contener el famoso radiante de la lluvia meteoros que podemos observar en  el mes de agosto: las Perseidas. Pero Perseo también contiene dos objetos interesantes. El primero de ellos es la estrella Algol, segunda más brillante de la constelación y orientada hacia el Este de la constelación. Esta estrella es en realidad una pareja de estrellas muy cercana -invisible ópticamente- que se eclipsan mutuamente, lo que se traduce en una disminución de su brillo cada 2 días y 21 horas aproximadamente, bajando de la segunda a la tercera magnitud en unas cuatro horas y media para después, en el mismo período de tiempo, ascender a su brillo normal. El segundo objeto, al norte  de la constelación de Perseo ya lindando con Casiopea es otra nubecilla cuyas estrellas no observamos a simple vista: el Doble Cúmulo de Perseo. Otra joya en el cielo, ésta, doble, aunque no visible desde las ciudades a simple vista, si lo es con prismáticos.

 

SUR

 El «apagado» pero no menos interesante cielo de la zona Sur del firmamento

En el Sur aparecen las constelaciones cuyas estrellas son menos brillantes. Si descendemos desde el gran cuadrado de Pegaso que domina la parte alta del cielo sur, encontraremos a la constelación de Piscis que se representa como dos peces unidos por una larga cinta en forma de “V”.  El “pez” más fácilmente reconocible es el que está justo debajo del cuadrado con forma pentagonal. Esta constelación difícilmente es observable desde las ciudades pues está formada por débiles estrellas.

Por la parte oriental del cuadrado de Pegaso aparece la constelación de la Ballena (Cetus) con una gran cabeza en forma pentagonal y un cuerpo más próximo al horizonte. La hilera de estrellas que se extiende por debajo de la Ballena y que llega hasta Orión forma parte de la constelación de Eridano. Más próximo al horizonte la constelación de Acuario y, ya casi tocándolo, la brillante Fomalhaut está a punto de ponerse bajo él. También esta zona del cielo puede verse afectada por la contaminación lumínica apareciendo sólo las estrellas más brillantes de cada constelación. No obstante, es importante, aunque sea con prismáticos, seguir sus formas.

Hace frío, pero atardece pronto. El espectáculo que nos ofrece el cielo en invierno es espectacular, cielos más limpios y nítidos y con una sugerente belleza. En las siguientes entradas iré mostrando algunos objetos que forman parte de la maravilla del cielo invernal.  ¡No dejemos de observarlo!

 

En la imagen, Taurus, una constelación protagonista de las frías noches invernales.

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