LOS PLANETAS

Francisco Rodríguez Bergali – www.astroilusion.es

 

Conjunción entre Venus y Júpiter
Conjunción entre Venus y Júpiter en julio de 2015. (FRB)

Los planetas giran alrededor del Sol recorriendo trayectorias elípticas teniendo al Sol en uno de los focos de la elipse. Esto supone que transitan por una franja circular del cielo observada ya desde muy antiguo llamada Zodiaco. Estos se diferencia de las estrellas en que, cuando los observamos en un cielo claro, estos no centellean como ocurre con las estrellas, nos muestran un brillo fijo. Si los observamos a lo largo de los días veremos que posición de los planetas varían con respeto a las estrellas de la constelación por las que están pasando aparentemente y por tal motivo, los griegos los llamaron «planetes», errantes. Veamos que podemos observar en cada uno usando nuestros ojos e instrumentos pequeños situándolos por orden de su cercanía al Sol.

Mercurio

Junto con Venus forma parte de los llamados planetas inferiores moviéndose en unas órbitas situadas entre el Sol y nosotros pero sin llegar a rozarse con ningún punto de la órbita terrestre.  Por este motivo sus apariciones se dan en los crepúsculos y durante poco tiempo tras ponerse el Sol o antes de que salga éste. En los mejores momentos de observación (lo que llamamos sus mayores elongaciones)  En esos momentos tendremos unas dos semanas para observarlo. Hay que tener en cuenta que con unos prismáticos no se distingue nada y que solo con un telescopio mediano puede observarse sus fases sobre un disco de color amarillento. No obstante, solo por ver o fotografiar el escurridizo Mercurio merece la pena estar pendientes de sus momentos de mejor visibilidad.

Venus

Tras el Sol y la Luna el cuerpo celeste más brillante que podemos observar en el Firmamento es Venus (bueno, salvo cuando aparecen grandes y brillantes cometas).  También puede observarse el planeta momentos antes del amanecer (en el este) y tras el atardecer (en el oeste) pero en ambos casos no hay que perdérselo. Su brillo fulgurante contrastado con el azul oscuro del cielo es una imagen realmente preciosa.  Al contrario  que Mercurio, Venus puede seguirse durante varios meses al año observando como se mueve entre las constelaciones. Con prismáticos no se detecta ningún detalle. Incluso con grandes telescopios su capa densa de nubes impide captar ningún rasgo característico. Solo podremos ver sus fases, las cuales al igual que la Luna dan un aspecto bellísimo al planeta. Para ello no hacen falta grandes telescopios y puede observarse con un telescopio de iniciación con algunos aumentos. Merece mucho la pena no perdérselo.

Marte

La observación del rojo Marte sobre el fondo del cielo es fascinante. Protagonista de grandes momentos en la historia de la Astronomía, solo su color rojo-anaranjado lo hace precioso y los evoca. Con prismáticos tampoco podemos captar ningún detalle de sus superficie para lo cual necesitaremos un instrumento de mediana potencia, no obstante con algunos de nuestros instrumentos de iniciación, en buena noche y aplicándole un aumento adecuado podremos distinguirle sutilmente  su casquete polar (dependiendo de sus estaciones) y una gran zona triangular de tierra oscura llamada Syrtis Major. Los dos satélites que tiene, Phobos y Deimos están fuera del alcance de los instrumentos de aficionado. Los momentos más apropiados para observar a Marte es cuando está más cerca de la Tierra, algo que ocurre cada dos años y cincuenta días aproximadamente.

Júpiter

Después de Venus es el planeta que más brilla en nuestros cielos y probablemente Júpiter sea el planeta del que más partido podamos sacar con nuestros prismáticos y nuestros telescopios. Sólo aplicando unos 25-40 aumentos ya podremos distinguir detalles del planeta. Además Júpiter nos muestra la ventaja de que podremos observar durante varias horas en una noche pudiendo permitir observar los movimientos de sus satélites y, si empleamos un telescopio mediano (usando unos 100-150 aumentos) y la noches es de buena calidad,  observaremos la evolución de sus bandas pues el movimiento de rotación de Júpiter es de algo inferior a 10 horas y su atmósfera está en constante evolución.

Además la observación de Júpiter tiene el encanto de tener a sus cuatro satélites principales danzando alrededor de él. Tal y como los descubriera Galileo el 7 de enero de 1610, las contínuas observaciones de los satélites de Júpiter y los fenómenos que -por sus movimientos- comparten con el planeta y entre sí nos permitirán pasar noches y noches de entusiasmo.

 

Saturno en Sagitario
El planeta Saturno inmerso en una zona espectacular de la constelación de Sagitario. (FRB – 2018)

Saturno

Observar a Saturno y sus anillos a través de un refractor es una experiencia única y difícil de olvidar. Es encontrarse con una joya colgada del Cosmos. Con un pequeño telescopio refractor de 60 mm y con un poco de atención ya podremos observar sus anillos, lo veremos ovalado al principio pero después distinguiremos perfectamente el anillo. Si disponemos de un telescopio de mayor abertura podremos ver la división de Cassini, una zona oscura que divide con claridad a los anillos. Y aún hay más, tras admirar esa joya, algo que tardaremos en dejar de hacerlo un buen rato, podremos observar al mayor satélite de Saturno, Titán, perfectamente visible con nuestro pequeño telescopio y con el que podremos observar como se mueve alrededor de Saturno, día tras día, como hiciese Huygens al descubrirlo. Observar a Saturno es toda una maravilla para los sentidos. 

Urano y Neptuno

Estos dos planetas son observables con unos prismáticos. Urano nos muestra un pequeño punto azulado-verdoso de magnitud sexta y Neptuno un punto blanco de octava magnitud. Incluso con nuestros telescopios pequeños podremos observarlo pero lo único que conseguiremos observar es como se desplazan a lo largo de las días por el fondo estrellado. De todas formas, con un poco de aumento, si podremos observar al minúsculo Urano como un pequeño disquito. Eso sin contar que, al observar estos planetas gigantes, nos estamos adentrando en las fronteras de nuestro Sistema Solar.

El que hasta hace años cerrara la lista de planetas de nuestro Sistema Solar, está fuera del alcance de nuestros telescopios de iniciación. Para su observación se requiere una noche limpia y un telescopio de más de 25 centímetros de diámetro.