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Si la constelación de Orión es reconocida como la catedral del cielo, la Nebulosa de Orión es, indiscutiblemente, su joya más preciada. Se sitúa debajo de las tres estrellas centrales de la constelación, el conocido Cinturón de Orión formado por tres estrellas brillantes de segunda magnitud. Debajo de estas tres estrellas aparece brillante la Espada de Orión en cuyo centro aparece majestuosa la Gran Nebulosa de Orión ocupando una extensión de algo mas de un grado cuadrado (dos veces el tamaño de la Luna Llena). Durante las noches de enero y de febrero se alza esplendorosa sobre el horizonte Sur.

Incluso desde la ciudad la nebulosa puede observarse sin problemas en noches limpias y desde fuera de la misma, a simple vista. Alcanza la cuarta magnitud por lo que su observación con medios modestos es totalmente asequible. Sea cual sea el instrumento que usemos vamos a disfrutar muchísimo con la observación de este precioso criadero de estrellas.

PRIMERAS OBSERVACIONES

Las primeras observaciones las encontramos en la figura del astrónomo francés Nicolas Peiresc allá por noviembre de 1611, cuando se quedó muy sorprendido por encontrar “una pequeña nube iluminada“. Aunque fue observada por otros astrónomos como el suizo latinizado como Cysatus y el brillante (y olvidado) gran observador italiano Giovanni Battista Hodierna, no fue hasta 1656 cuando se publicara el primer dibujo de la Nebulosa de Orión por el gran Christian Huygens.

Dibujo de Messier de la Nebulosa de Orión

Años más tarde, en 1771, el astrónomo francés Charles Messier publicó un dibujo más detallado con el que pretendía “reconocer si se producen cambios en el futuro”. En su catálogo de objetos de cielo profundo Charles Messier le asignó el número 42 por lo que también conocemos a la Nebulosa de Orión con el nombre de M42. Casi dos décadas más tarde, en 1789, el británico William Herschel la observó con un telescopio de 120 centímetros de diámetro y la describió proféticamente como lo que en realidad es la Nebulosa de Orión: “el caótico material de futuras estrellas”. Muchísimos más astrónomos han dedicados noches de observación a esta maravilla del firmamento (Lord Rosse, Bond, Lassell, Flammarion,…) y, sin duda, han disfrutado de su observación, pero, ¿Y Galileo? ¿Por qué no la vio? ¿Realmente le pasó desapercibida? Es muy complicado saber el motivo por el cual Galileo no hizo mención de la Nebulosa de Orión en su Sidereus Nuncius (donde publicó un dibujo de la constelación de Orión) cuando era perfectamente visible con su telescopio (recuerden: peor que cualquiera de nuestros prismáticos), pero desde luego es muy llamativo.

Primera fotografía de la Nebulosa de Orión

Tras muchos dibujos realizados por los astrónomos, el 30 de septiembre de 1880 el astrónomo aficionado estadounidense Henry Drapper fotografió por primera vez a la Nebulosa de Orión (su padre había sido el primero en hacer una fotografía de la Luna). Veintisiete años más tarde, el británico William Huggins registró su espectro y desde entonces no han parado de realizarse descubrimientos sobre ella. Reconozco que para mí, y para muchos aficionados, observar a la Nebulosa de Orión me provoca una extraña y bellísima fascinación por las estrellas y todo lo que conforma el Universo.

LA OBSERVACIÓN

La Nebulosa de Orión fotografiada desde el centro de la ciudad de Sevilla con medios modestos.

La Nebulosa de Orión podemos observarla con cualquier instrumento. Rodea a la estrella Theta Orionis con una intrigante apariencia neblinosa y aparece entre medio de la doble 42-45 Orionis (al Norte de la imagen) y de Iota Orionis (al Sur de la imagen). Su visión es fantástica con unos prismáticos, aún desde la ciudad, al entrar en el campo de visión toda la “espada” de Orión. Nada más usemos un pequeño telescopio podremos ver muchos detalles de la nebulosa con múltiples tonalidades grisáceas y diversos claroscuros.

Cuando la observamos comprobamos como desde su parte central, aparece una cuña oscura que parece entrar en la nebulosa y a la que se le denomina Sinus Magnus. Además la nebulosa parece disponer de “alas” a ambos lados de esa cuña, una dirigida hacia el noroeste y otra al sudeste y que reciben el nombre de Proboscis Maior y Proboscis Minor.

La Nebulosa de Orión fotografiada con un refractor de 70 mm.

En cuanto a las estrellas inmersas en ella llaman la atención un grupo de tres estrellas colocadas en línea y decrecientes en magnitud, se trata de Theta 2 Orionis. A su lado se encuentra Theta 1 Orionis que en realidad son cuatro estrellas y que se le conoce con el nombre de El Trapecio de Orión. Hacia el sur de la nebulosa, tras pasar por una zona más oscura, aparece otra hilera de tres estrellas de octava magnitud. Intentemos ahora sacar del campo de nuestros prismáticos o pequeño telescopio la zona central de la nebulosa. Con un poco de práctica y de paciencia y con ayuda de un cielo limpio podremos observar los penachos que aparecen en los bordes de las alas. La visión con un telescopio mediano de estas zonas de la Nebulosa de Orión es realmente fantástica.

Coloco aquí un “mapa” de la nebulosa extraído de la web del Observatorio de Tres Juncos (Castellar de Santiago, Ciudad Real) y ofrecido por mi admirado amigo (y ya viajero entre las estrellas) Patricio Domínguez Alonso. Obsérvense la topografía tan abundante que tiene la nebulosa. Una observación detallada con nuestro pequeño telescopio permitirá distinguir algunas de sus partes más relevantes. El Trapecio de Orión se sitúa dentro de la región nombrada como Regio Huygheniana y de él escribiremos pronto aquí.

Topografía de la Nebulosa de Orión
Francisco Rodríguez Bergali (c) www.astroilusion.es

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