18 de febrero de 1930, noche gélida en el observatorio Lowell de Flagstaff, Arizona, tras un año de dedicada y meticulosa búsqueda Clyde Tombaugh detecta un movimiento de un objeto situado en la constelación de Géminis en unas placas fotográficas tomadas semanas atrás. Había descubierto Plutón, el noveno planeta.

lowellLa búsqueda de Plutón procede tras años después del descubrimiento de Neptuno. Este último planeta se descubrió por razonamientos matemáticos tras observarse anomalías en el movimiento de la órbita de Urano. Ya a finales del siglo XIX se pensaba que las perturbaciones observadas en ese planeta debían ser ocasionadas por otro planeta además de Neptuno. Es entonces cuando entra en escena de su pertinaz búsqueda estuvo Percival Lowell un acaudalado matemático que construyó un observatorio en Flagstaff, Arizona para acometer la tarea de llegar a descubrir el planeta desconocido hasta entonces y al que él llamó Planeta X.

Basado en unas coordenadas celestes que tanto él como el astrónomo estadounidense William H. Pickering (no confundir con su hermano Edward Charles Pickering) habían calculado, buscaron apasionadamente el planeta desde el año 1909 y hasta 1916 cuando falleció Lowell. Se fue de éste mundo sin saber que lo había fotografiado por dos veces en la primavera de 1915. Incluso existen hasta 14 fotografías anteriores donde aparece Plutón pero que, en ese momento, pasaron desapercibidas. Lamentablemente por problemas de herencia familiar la búsqueda del planeta X quedó suspendida hasta que en 1929 la reanudó el astrónomo estadounidense Vesto Slipher quien contrató, para ello, a un muchacho de 23 años cuyos dibujos astronómicos eran excelentes: Clyde Tombaugh.

El trabajo de Tombaugh consistía en realizar pares de fotografiar en periodos determinados para observar si había algún objeto que se hubiese movido en dicho periodo. Usó para ello  un telescopio con el que tomaba las imágenes y un microscopio con el que las examinaba. Un instrumental para ver lo grande y para ver lo pequeño. El telescopio y el microscopio, perfectamente complementados, se unían para descubrir un débil punto de luz de magnitud catorce situado a seis mil millones de kilómetros de nuestro planeta. El anuncio se dio a conocer casi un mes después creando expectación en todo el mundo y el 1 de mayo ya se le conocía como Plutón, un nombre, curiosamente, coincidente con las iniciales de Percival Lowell.

En julio de 2015, nueve años después de que dejara de ser considerado como planeta, una proeza realizada por el ser humano. la nave New Horizon llegaba a Plutón tras seis años de viaje, situándose a tan solo 12500 kilómetros de su superficie. Su visita nos mostró un mundo rojizo, mayor de lo que pensábamos hasta entonces, singular y lleno de preguntas a las que aún se les está buscando respuesta. También contenía el nombre de medio millón de personas que animamos la misión especial con una gran dosis de ilusión e interés por lo que podríamos encontrarnos allí. Pero aún llevaba algo muchísimo más importante: las cenizas de su descubridor, sus miradas, sus pensamientos, su paciencia y una de las historias más bonitas de toda la Astronomía.


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